
Manuela
Soy del Barrio 31, en Buenos Aires. Vivo acá desde antes de que fuera una villa, cuando todo era un campo alambrado y los estibadores que trabajaban en el puerto no llegaban a volver a su casa. Entonces empezaron a quedarse acá y a hacer olla popular para los otros compañeros que no tenían nada. Así fueron trayendo a sus familias y se fue formando el barrio. Después vinieron los curas a ayudar a la gente, como el padre Mugica. Tuvimos varios intentos de desalojo en el barrio; todos los resistimos. Quisieron echarnos de la peor manera. Hacían un zanjón y nos cortaban la luz. Nosotros sacábamos luz del ferroviario. Cuando veíamos que venía la caballería, nos metíamos en una lona enorme y nos escondíamos. El agua la extraíamos de un pozo. Sacaron gente a palazos, quemaron casas, venían de noche disfrazados. Ya soy grande, pero no descanso nunca. Me bajan a mí y se va la villa. Lucho por mis hijos y por mi casa, y por la gente que ama y defiende el barrio.
