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Ludovina

En el 77 llegué a Villa Berna, en Córdoba, recién casada con Cacho. Vivimos casi un año en carpa, hasta que levantamos una casilla, y luego edificamos nuestra casa actual. Nos convocó la maestra de la escuela para ser partícipes de su proyecto, y con el tiempo surgió la necesidad de crear un dispensario.

Yo venía desde Buenos Aires con el título de enfermera, y ejercí durante treinta y tres años, acá en el pueblo y en sus alrededores. Había mucha gente necesitada en esa época, sobre todo trabajadores rurales de bajos recursos. 

El Estado no les daba importancia. Tener este servicio era una utopía. Pensar en el terreno, en la edificación y en toda la burocracia que implicaba fue muy difícil, pero siempre tuve gente alrededor dispuesta ayudar. En este proyecto me sentí sumamente plena, me desarrollé como mujer y como persona. 

Siempre luché para que los que tenían menos pudiesen acceder a la salud, desde vacunas y medicamentos hasta arreglarse los dientes. Después construimos la capilla Nuestra Señora de la Merced, nuestra patrona, y avanzamos con el cuartel de bomberos voluntarios, superimportante para la zona, un gran orgullo.

Yo siempre estuve totalmente involucrada en la comunidad. La villa es un paraje solitario, sin servicios, donde las mujeres están muy desamparadas. Lo hago por pura vocación y amor, porque yo fui huérfana y me educaron con estos pilares. Me gusta, me satisface, me da mucha alegría y me siento útil.

Contacto y donaciones

Ludovina Pereson

31º 54′ 58.867″ S

64º 44′ 6.055″ W

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